José Ortega y Gasset dictó en varias de sus obras que la sociedad siempre es aristocrática porque en ella siempre hay individuos, los mejores, los mejor dotados, que son ejemplos y modelos para el resto de sus contemporáneos. Aristócratas del espíritu, en lugar de la sangre, dignos de ser imitados. Me temo que en la actual sociedad española esos aristócratas orteguianos están en las cárceles sombrías del desprecio y la ignorancia de las masas cuyo gusto e ideas se imponen como faro que deslumbra a la aldea de que somos vecinos. Y es que ya lo dijo Machado, si hemos de echar mano de la pedantería automática que nos proporciona internet, en una de sus citas celebradas: “En España, de diez cabezas, nueve embisten y una piensa”.
Dicho con otra argamasa, que usamos para relacionar todo lo comentado, en España los que nos dan ejemplo y dechado son, más que filosóficos modelos, aristogatos. Sí, aquellos gatos de callejón arrabalero de la vieja serie de Hanna-Barbera. Pero es que los ejemplos personales están ahí, a pesar de sus nombres y apellidos. En la sociedad, los personajes públicos son una referencia para la conducta civil de una mayoría de ciudadanos, marcando pautas y estilos de vida en relación con la actitud de cada cual con las leyes, con las prácticas comerciales y laborales, con la ética que aceptamos a la hora de considerar qué nos parece bueno o malo, tolerable o inaceptable.
DON GATO Y DON GERARDO
En ese sentido, ahí tenemos a Don Gato, el de la serie dibujada, o en uno de los casos de las portadas del día, al presidente de la CEOE, don Gerardo. Son conocidos sus problemas de meses sin pagar nóminas en Air Comet, y en otras empresas de su digna dirección, de sus deudas millonarias con las arcas públicas, y del impago del crédito recibido de CajaMadrid.
Estas medallas en su hoja de servicios como capitán de empresa le han llevado directamente a los focos de los medios de comunicación, lo que ha motivado a don Gerardo a someter a consideración de la dirección de la CEOE si debía seguir en el cargo. Esa cúpula, con estruendosos aplausos, le ha respaldado en su cargo y en su buen hacer, y aquellas medallas le han parecido accidentes del destino cuando las palomas cruzan sus rutas con las del copropietario de la citada AC, y malabarista señero por la Universidad de Buenos Aires si hablamos de las Aerolíneas Argentinas, cuya sede tenía puerta giratoria incluida en la letra pequeña.
Ya no nos acordamos de cuando era partidario de “hacer un paréntesis en la economía de mercado” para enfrentarse a la crisis, o del acuerdo con el Gobierno para quedarse, como así fue, con las rutas de la finiquitada Air Madrid a cambio de contratar a un importante grupo de los desempleados de la línea chulapa, lo que se determinó en grupito, a secas, y con rebajas salariales draconianas.
Los líderes empresariales, como los políticos o culturales, pasan y son sucedidos por otros, es la vida. Pero en el trayecto, sus ejemplos abren caminos y enseñan maneras que hubiera sido mejor que nunca hubieran abandonado la ficción. Incluso la de los humorísticos dibujos animados.

El pasado sábado los sindicatos UGT y CCOO convocaron una gran manifestación en Madrid, contra la crisis y en defensa de empleos y salarios dignos, ¿Fueron 200.000, fueron 30.000? Fueron los bastantes como para que fuese una gran manifestación, pero…. Sí, hay más de un pero o interrogante que se nos plantea. Sí fue representativa del sentir general, de que la gente no quiere perder su trabajo ni sufrir un ERE, y hacía falta una protesta general, incluso una huelga general, pero… hace seis meses o un año, cuando la angustia estaba en la calle, el paro estaba rampante y el IPC despeñándose a la deflación. Entonces el impacto emotivo en las gentes habría sido contundente, y los sindicatos habrían sido el canalizador de tal sentir.

